17/6/09
Avalanche
16/6/09
Pioneer to the falls
Show me the dirt pile
And I will pray that the soul can take
Three stowaways
Vanish with no guile
And I will not pay
But the soul can wait
The soul can wait
It's still pretty
What with all these weeks
We’ll be fine
We’ll be fine
But if it’s still pretty
What with all these weeks
Will we find love
And supervise
Show me the dirt pile
And I will pray that the soul can take
Three stowaways
And you vanish with no guile
And I will not pay
But the soul can wait
I felt you so much today
Oh no, you try
You fly straight into my heart
You fly straight into my heart
Girl, I know you try
You fly straight into my heart
You fly straight into my heart
But here comes the fall...
So much for me believing that sorrow
So much for dreams we see but never care to know
Your heart makes me feel
Your heart makes me moan
For always and ever, I'll never let go
Always concealed
Safe and inside, alive!
Show me the dirt pile
And I will pray that the soul can take
Three stowaways
In a passion it broke
I pull the black from the grey
But the soul can wait
I felt you so much today...
Las siete y media: Capítulo tres
Malas noticias, pero no hay que culpar al mensajero. El mensajero era Stephen Bloom, un muchacho pelirrojo con peto vaquero, camisa a cuadros y gorra ancha. Lleva repartiendo el periódico en la puerta de la comisaría dos años, tiene siete años. Siendo muy pequeño llegó a las oficinas del Páginas pasadas y allí le concedieron el trabajo.
-Hola, Stephen. ¿Cómo llevas la mañana?
-Estupenda, señor Bauhaus,-acompañó la respuesta de una tos-aunque hace algo de frío.
-Oye, deberías revisarte esa tos... eres muy pequeño para tener así los pulmones. Dame un ejemplar, por favor, y dime ¿qué noticias hay hoy?
-El señor Gottfried, un tipo que vino ayer como sospechoso del asesinato de un amigo suyo, ha aparecido hoy en su casa muerto. Al parecer, este señor era millonario y conocía a Friedrich, la anterior víctima, porque la rescató de vivir en la calle cuando era pequeño. Friedrich Engels habitó un tiempo en la mansión de Gottfried y cuando fue lo suficientemente mayor como para labrarse su propio porvenir, consiguió un puesto como vendedor en el mercado y lo combinaba con los estudios. Llegó a convertirse en maestro de la escuela de Candillac. El otro día ganó la quiniela, para la cual participó con tres más (aunque ellos no lo sabían, él simplemente les dió la papeleta rellena). Al parecer, Friedrich quería ayudar a sus tres mejores amigos, aquellos que le ayudaron en momentos difíciles en su vida. Esta noche, el más rico de todos ellos es el que ha muerto. Encontraron el cadaver esta mañana y tres cartas de la baraja española: las cartas sumaban las siete y media. Con el asesinato de Engels pasó algo parecido... cuando los tres colegas de Friedrich echaron mano de sus boletos, no estaban y en su lugar había otras tres cartas.
-Interesante. No tenía ni idea de lo que había pasado.
-Sí, señor. Es muy extraño. Mire, señor. Esas dos personas que hay ahí son los sospechosos que vinieron ayer. Les habrá vuelto a citar el comisario.
-¡Qué miedo da todo esto! La ciudad de Candillac se corrompe cada vez más, pequeño. En fin, me voy. Tengo que entrar a trabajar.
-Buenos días, señores.-Saludó el comisario.-Más les vale tener una buena coartada o esta noche dormirán y jugarán a las cartas en el calabozo.
-Pero... ¿qué ha pasado?
-El señor Gottfried ha aparecido asesinado esta mañana, ha realizado tres llamadas. Sólo uno de sus tres intentos de comunicación fue válido. Al otro lado del teléfono estaba su exmujer -añadió señalando a Erns - lo único que ella pudo escuchar fueron varios gritos y la palabra "allí". La caja fuerte de Gottfried Leibniz estaba forzada y vacía. En ella habían tres cartas, circunstancias similares, ¿no?
-¿Mi ex mujer?- preguntó desconcertado Erns - ¿pero cómo se conocían?
-Eso me gustaría a mí saber, pero no se preocupe. Pronto vendrán como invitados especiales las llamadas de Gottfried.
15/6/09
Las siete y media: Capítulo dos
Un niño pelirrojo con la cara llena de pecas estaba aquella mañana junto a la puerta de la comisaría canturreando: “¡Extra, extra!”. Vestía un peto vaquero, camisa a cuadros y una gorra ancha. “Ha habido un asesinato esta noche en Candillac”.
Los señores Gottfried, Erns y Robert quisieron una copia del Páginas pasadas, el periódico más importante de la ciudad. El comisario se mantuvo al margen, en comisaría tenían muchos ejemplares ya.
Comprados ya los periódicos y esperado el tiempo necesario a que llegaran los tres, -exclamó McLöwitz- me veo en la obligación de encauzar la reunión para la que les he convocado. ¿Se conocen entre sí?
-No.
-No. Nunca les he visto. -dijo Gottfried mientras sacaba una pitillera de oro de su bolsillo.
-Yo tampoco les he visto nunca… perdone, ¿podría darme un cigarro? –añadió Ernst.
-Sí, claro, hombre. Toma uno. ¿Alguien más quiere?
Robert cogió también uno; el comisario por su parte miró la pitillera con desprecio y sacó él su propio cigarrilo.
-Como antes les avisé, su amigo Friedrich Engels ha sido asesinado. Se calcula que la tragedia sucedió en torno a las siete y media o las ocho de esta misma mañana. Algunos de mis hombres y yo mismo estuvimos pateando todo el lugar y hemos rastreado toda la información personal posible sobre él. Hemos mirado en su teléfono móvil y las tres últimas llamadas que hizo fueron a ustedes tres. A partir de esto, hemos buscado su relación con la víctima y hace un rato descubrí un detalle muy curioso. Han participado los cuatro juntos en la quiniela y han ganado.
-¿Hemos ganado? No sé cómo combinar la alegría con el llanto. De todas maneras, esto es muy extraño. Me traen a comisaría, me presentan a dos amigos de mi amigo, con los cuales hemos ganado millones con la quiniela aunque no haya visto en mi vida, me dicen que mi colega está muerto y… ¿con lo último nos estaba tachando de sospechosos? –se precipitó Robert.
-Mire, yo tampoco sé cómo debería de combinar el llanto con la alegría, pero tiene razón con eso de que se les tache de sospechosos. –ironizó McLöwitz.
-¿Pero qué hay de las llamadas? Eran como pedir ayuda, ¿no?
-¿Y por qué debería pedirle precisamente a ustedes la ayuda y no a la policía?
Los tres sospechosos se quedaron sin respuesta.
-No se pongan nerviosos, probablemente ninguno de los tres haya sido el asesino pero comprendan mi postura como comisario: un hombre tiene un boleto valorado en dios sabe cuántos millones y la siguiente vez que se le ve tiene una bala en la cabeza, otra en el estómago y varias alrededor del cadáver (muestra de la falta de experiencia del asesino). Ahora después me gustaría hablar uno por uno, pero antes… ¿podrían enseñarme sus boletos de la quiniela?
La expresión de los tres sospechosos al echar mano del billete fue la misma; era una mezcla de sorpresa, miedo y angustia. La causa era que en vez del boleto, cada uno tenía una carta de la baraja española. Gottfried tenía el as de oros, Ernst el seis de copas y Robert el rey de espadas.
Las cartas, según el juego, sumaban las siete y media. La hora a la que la víctima había llamado a sus amigos y, probablemente, el momento de su muerte.
Las siete y media: Capítulo uno
07:30 y doce segundos Suena el teléfono móvil. El señor Leibniz se despierta. Friedrich Engels le ha llamado.
07:32 Gottfried camina descalzo por su casa a oscuras. Levanta el pie para quitarse algo de suciedad. Sigue caminando y llega a la cocina. Pone la boca debajo del grifo y gira la llave dejando caer el agua. Quita la boca y deja el agua correr para que se enfríe.
07:33 Gottfried llama a Friedrich, no lo coge. Enciende su ventilador, su tocadiscos y se acuesta. Se relaja más con el crepitante sonido del vinilo que con la propia música.
07: 28 Erns Cassirer bebe whisky en una fiesta. La fiesta es un tanto peculiar: es en una guardería, las que son maestras por el día son prostitutas por la noche, los asistentes están disfrazados de bebés, las bebidas están servidas en biberones.
07:29 Cassirer se decide por coger a una de las maestras de la mano y llevarla a la ludoteca. Allí le quita rápidamente el pañal y entran en acción.
07:30 y dieciséis segundos Suena el teléfono de Erns, no lo escucha (y de haberlo escuchado no lo hubiera cogido).
07:48 La maestra y el asistente a la fiesta se ponen sus respectivos camisones de bebé, Erns bebe de su biberón y besa a la maestra de su hijo.
07:49 El señor Cassirer mira su móvil y ve la llamada de Friedrich Engels, le llama extrañado pero éste no lo coge.
07:29 Robert Allen está en su local de ensayo a las afueras de la ciudad. Cuando la gente duerme, su inspiración despierta.
07:30 y veintidós segundos Suena el teléfono pero está absorto en su trabajo: escribiendo letras, acordes y haciendo sonar su guitarra.
08:42 Robert ve extrañado la llamada de Friedrich Engels y medita sobre llamarle o no. Piensa que su amigo ya estará dormido así que guarda el teléfono.
10: 01 El comisario McLöwitz llama a Gottfried Leibniz.
10:04 El comisario McLöwitz llama a Erns Cassirer.
10:08 El comisario McLöwitz llama a Robert Allen.
12:00 Citaron a los tres juntos en comisaría. Al llegar, el comisario saludó diciendo: "Su amigo Friedrich Engels ha sido asesinado".
14/6/09
Huérfano sexual
y siempre le decían las mujeres:
"Tú tienes papada
tú no tienes mamada".
Güérfano era un huérfano sexual.
13/6/09
Los hombres que no amaban a las mujeres

No se si será verdad eso que decían "Es la mejor cinta de cine negro desde Sed de mal de Orson Welles" porque no soy un gran aficionado del género -aunque no me desagrade aun debo prestarle más atención- pero sé que una de la otra distan mucho, no cualquiera está al nivel del icónico creador de Ciudadano Kane. Por otro lado, da pena quitarle méritos a una de las mejores películas de este año.
La adaptación al cine de Millennium (la obra de Stieg Larsson) ha quedado sórdida y realmente oscura. Lo mejor es, como todo el mundo sabía, el personaje de Lisbeth Salander. Una mujer fuerte y luchadora que sólo se necesita a sí misma para sobrevivir que carga con tantos problemas como piercings. De hecho, las feministas deberían aprender más de ella y tomar unas medidas más resultonas para acabar con la injusticia del machismo en vez de fijarse en tonterías como cambiar el lenguaje o poner en los semáforos a mujeres con sus falditas. Lo peor, las ganas de mear que me entraron en los últimos quince minutos, las ganas de fumar que da Lisbeth y algunos fallos de racord imperdonables porque cantan de lejos.
Puestos a poner pegas serias en la temática, aunque te dan todo masticadito de cómo van encontrando las cosas, hay ciertas cosas que no cuadran como relacionar X nombre traduciéndolo al hebreo con X nombre y elaborar una teoría rebuscada de cojones y soltar "¿cómo no se me había ocurrido antes?"... las teorías que van sacando a menudo no tinen fundamento.Nota: 8/10